miércoles, 24 de agosto de 2016

EL CADÁVER EXQUISITO DE CHINA MIÉVILLE

Después de años de tenernos abandonados, China Miéville nos entrega su tercer libro en los últimos 12 meses, THE LAST DAYS OF NEW PARIS. El primero, THREE MOMENTS OF AN EXPLOSION, fue quizá la mejor colección del año pasado y auguraba muy bien el regreso de Miéville. Por desgracia, el primer libro del 2016, THIS CENSUS-TAKER dejo a todos con una vaga insatisfacción que usualmente no asociamos con este escritor. La verdad es que esa novela corta (demasiado corta, además) es de lo peorcito que le he leído a Miéville. Cuando empecé a escuchar rumores que el nuevo libro que saldría en agosto sería otra novela corta confieso que temí lo peor. Por fortuna, Miéville ha dejado lo mejor para el final, a pesar de su reducido tamaño. (Es un libro muy pequeño, en realidad. Sobre todo para los estándares del mismo Miéville. A duras penas son 200 páginas, de las cuales casi 40 son notas al final y un curioso epilogo. Claro, en México esto sería considerado una novela tabique, tan extensa que ya ni podría participar en la mayoría de los concursos. En México nos seguimos especializando en producir esta especie de sashimi de literatura que no le llena el estómago a nadie y nos deja con hambre)


THE LAST DAYS OF NEW PARIS es una disparatada ucronía, donde las familiares calles de la capital francesa se han convertido en algo tan delirante como el barrio más absurdo de Bas-Lag. Un Paris ocupado por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial y que ha sido transformado, infestado por quimeras y apariciones de pesadilla. Pero no son monstruos del todo desconocidos. Un muy selecto grupo los reconoce, pues se tratan de bestias arrancadas del imaginario cultural de las pinturas y los collages y poemas del canon Surrealista. Este grupo de artistas, los únicos que entienden lo que ocurre,  permanecen en Paris para continuar la pelea. Usando técnicas como la de “disparar automáticamente”, dejando que su subconsciente apunte, siguen su vana resistencia. Pero no son solo estas apariciones lo que transforma a París sino las mismas calles y arquitectura las que han sufrido una metamorfosis total. La parte superior de la Torre Eiffel flota sobre la ciudad sostenida por nada, el Arco del Triunfo esta ladeado y sudando orines (de Gaulle, en particular, esta escandalizado), abajo de algunos postes de luz en varias esquinas es de noche mientras es de día a su alrededor. En un café una explosión ocurre una y otra vez, las ventanas volando a cada momento y las mesas afueras bailando eternamente. Paisajes e imágenes de los manifiestos surrealistas de Éluard y Tristan Tzara son la nueva realidad. Es decir, la ciudad de Paris misma se ha vuelto un cadáver exquisito. Para contrarrestar la locura los alemanes intentan conjurar sus propias pesadillas surrealistas (con escaso éxito) y haciendo pactos con demonios del Infierno que tampoco quieren estar ahí. Ni las manifestaciones (los “manifs”), ni los demonios obedecen las ordenes de nadie, y la situación en el interior de Paris es un absoluto caos. Los alemanes han clausurado la ciudad para evitar que se esparza esta locura, y hasta los Estados Unidos y sus Aliados se sienten aliviados. Los mismos alemanes que se encontraban ocupando Paris han sido abandonados a su suerte y también continúan la pelea ya sin ningún sentido. Y así, indiferentes ante lo que ocurre en el exterior, la guerra en Paris no termina a pesar que ya estamos en el año de 1950…


Nuestro protagonista es Thibaut, uno de esos guerrilleros olvidados que continúan peleando, cuya vida cambia a partir del momento en que conoce a Sam, una fotógrafa norteamericana que está ahí para documentar los últimos días de este nuevo Paris. Por supuesto, ninguno de los dos es lo que aparenta. Intercalados con estos capítulos largos existen capítulos mucho más breves que ocurren en 1941 donde se describe cómo inició todo esta situación, y donde el verdadero protagonista, aparte de André Breton y el resto de su pandilla de surrealistas, es Jack Parsons (más sobre él al final). Mientras Thibaut y Sam recorren la fantasmagórica ciudad al investigar el último proyecto con el que los Nazis pretenden resolver la crisis, se les une el tercer protagonista del grupo, el famoso cadáver exquisito realizado por Yves Tanguy, André Breton y su mujer Jacqueline Lamba (y cuya ilustración aparece al principio del libro). Es obvio que Miéville se divirtió como un enano describiendo todas y cada una de estas manifestaciones surrealistas. El lector se encuentra desde la primera página con una criatura mitad mujer mitad bicicleta salida de una ilustración de Leonora Carrington, así como con enormes plantas que atrapan Messerschmitts del cielo como en las pinturas de Ernst, y Miéville nunca quita el pie del acelerador. Por el contario, se regodea al listar el bestiario pululando por las calles de Paris, desde el famoso elefante de Ernst y las formas voladoras sin color de Magritte hasta los teléfonos langosta de Dalí y los títeres vegetales de Remedios Varo. Para los que aprecian la literatura fantástica por las imágenes que es capaz de conjurar en nuestras mentes este libro es imperdible.

Al terminar el texto de la novela corta viene a continuación un muy breve epilogo donde Miéville nos informa que la historia no es una fantasía sino que nació de un encuentro que tuvo con una persona que sospecha era en realidad Thibaut y que le narró todo lo sucedido en este “Nuevo Paris”. Este tipo de artimañas meta-literarias no son posmodernas o ni siquiera nuevas, por supuesto. Desde Edgar Rice Burroughs transcribiendo las aventuras marcianas que su “tío” John Carter le iba dictando, hasta Umberto Eco encontrando un “manuscrito perdido” que narraba los terribles acontecimientos en esa abadía benedictina del siglo XIV, este es un recurso muy viable que le permiten al autor un distanciamiento que otorga una mayor libertad para escribir lo que sea. Las notas “objetivas” al final, que a veces contradicen y explican los “errores” del manuscrito y especulan sobre el verdadero significado de las palabras de “Thibaut”, recuerdan mucho a las Notas Históricas de las novelas de MacDonald Fraser, y son otro truco similar.


Sobre Jack Parsons… Más de una persona me advirtió que me familiarizara con los artistas del Surrealismo antes de leer este libro pero lo que nadie hizo fue recomendar que hiciera lo mismo sobre Jack Parsons, detalle que encuentro en extremo curioso. Ignoro si es porque quizá ni siquiera están enterados que esta persona fue real en nuestro mundo, pero tomando en cuenta que es quizá el personaje más importante del libro (a pesar que solo aparece en muy pocas páginas) esta es una omisión muy grave. Por suerte, Jack Parsons ha sido fascinación personal mía desde que leí sobre él en un artículo de Alan Moore cuando estaba escribiendo su comic de PROMETHEA. Jack Parsons fue uno de los co-fundadores del Jet Propulsion Laboratory durante la Segunda Guerra Mundial, y por cierto también adepto del ocultista Aleister Crowley. Su esposa lo abandonó cuando descubrió a Parsons teniendo una aventura con su hermana Sara, que luego lo dejó para irse a vivir con L. Ron Hubbard donde juntos desarrollaron los primeros conceptos de la Dianetica que eventualmente se convirtió en la Iglesia de la Cientologia. No satisfecho, Parsons prosiguió con sus intentos de conjurar una manifestación de la diosa Babalon. Parsons, antes que se me olvide, era buen amigo de Heinlein en los 40s y de Kerouac en los 50s, justo antes de su prematura muerte. En pocas palabras, la vida de este tipo podría y debería ser la base de una muy buena novela, y me encanta sinfín que Miéville lo haya escogido como catalizador de su nueva historia.


En resumen, aun sin ser lo mejor que le leído a Miéville (ya he dicho antes que me parece que funciona mejor en obras más largas), debo decir que disfruté mucho de la lectura de THE LAST DAYS OF NEW PARIS. Desde siempre he sido aficionado del movimiento Surrealista y soy muy parcial a las novelas que de alguna manera logran utilizarlo. Mi favorita es quizá THE DREAM YEARS de Lisa Goldstein, donde el Paris de 1924 (y 1968), así como el mismo Breton, son protagonistas. Una fantasía sobre el Surrealismo que no era una novela surrealista, sino de un argumento rigurosamente pensado de antemano. Por supuesto, no creo que sea necesario mencionar otra vez la larga y fructífera relación entre la obra de Ballard (inclusive sus portadas) y el Surrealismo, como ya lo hice una vez en esta postal de hace seis años.

miércoles, 10 de agosto de 2016

EL MUNDO SEGÚN DOZOIS (otra vez)

Durante muchos años las antologías de lo Mejor del Año en la Ciencia-Ficción eran un recurso muy útil para mantenerse al corriente con lo que se escribía en el género. Nadie tiene el tiempo para leer todos los relatos y aunque lo tuvieras simplemente son demasiados. Por más de 20 años existían la antología editada por Gardner Dozois y la del venerable David G. Hartwell. Muy sencillo. Tan solo había que leer ambos libros y uno podía presumir que por lo menos estaba enterado de lo que ocurría en la CF en la actualidad. Tan populares eran estos volúmenes anuales, sin embargo, que en tiempos recientes (quizá inevitable) han surgido más y más libros que nos ofrecen “lo Mejor del Año”. De hecho, el número ha crecido de tal manera que aun si únicamente te preocupas por leer este tipo de antologías y nada más, ya se ha vuelto actividad de tiempo completo. Esto ocurre aun con la desaparición de la serie de Hartwell, tras el lamentable fallecimiento de su querido editor. Aparte de la de Dozois, que se sigue manteniendo en la cima (sobre todo por su extensa introducción y su tamaño), existe la de Jonathan Strahan, la de Rich Horton, y, no conforme, este año aparece una nueva editada por Neil Clarke, cuyo estupendo trabajo en la revista Clarkesworld en tiempos recientes hizo de este libro una lectura obligada. (Y no olvidemos el volumen dedicado a las Mejores Novelas Cortas del Año, editado por Paula Guran). Lo sorprendente es que aunque algunos relatos se repiten en una u otra antología, la mayoría son exclusivos de cada libro. Esto es una muestra de lo rico que es el campo de la ficción corta en la CF hoy en día. Como todos los años, me enfoco en la de Dozois, mi favorita, pero al mismo tiempo es imposible no hacer comparaciones con las demás donde es apropiado.


El brillante Ian McDonald inicia la antología de Dozois por segundo año consecutivo con “The Falls: A Luna Story” que, como su título nos indica, pertenece al mismo universo de su monumental novela LUNA del año pasado, y que además recuerdo fue uno de mis relatos favoritos de MEETING INFINITY editada por Strahan (mi antología favorita del 2015). En efecto, varios de los mejores cuentos aquí presentes provienen del libro de Strahan, como es el caso de “Emergence” de Gwyneth Jones, y “Rates of Change” de James S. A. Corey. McDonald es uno de los tres autores que participan con dos relatos y su “Botanica Veneris: Thirteen Papercuts by Ida Countess Rathaghan” es quizá aún mejor que el primero. De hecho, este relato aparece en todas las antologías de lo Mejor del Año. Lectores de mi reseña de OLD VENUS el año pasado recordaran que resultó mi cuento favorito de aquel volumen. (El otro relato proveniente de OLD VENUS es “Planet of Fear” de Paul McCauley, que logra combinar con mucha eficacia esa sensibilidad pulp de la vieja escuela con las ciencias biológicas más rigurosas, pero que me parece está un escalón abajo en términos de calidad). Aliette de Bodard es otra persona que se ha vuelto una presencia constante en estas antologías y también nos ofrece dos relatos (aún más asombroso, aparece en la antología de Clarke con un tercer relato). Los dos en este libro pertenecen a su largo ciclo de Xuya, sobre un futuro donde los aztecas y el imperio chino compiten por la supremacía en el espacio. El segundo y más largo, “The Citadel of Weeping Pearls” (también incluido en la antología de novelas cortas de Guran) es una verdadera epopeya, aunque el primero, “Three Cups of Grief, by Starlight”, mucho más íntimo y personal, me acabó gustando más.


Lo mejor del libro de Dozois, sin embargo, no viene de ninguno de los sospechosos comunes. Mi favorito es quizá “It Takes More Muscles to Frown” de Ned Beauman, un nombre que quizá no les sea tan familiar a los lectores de CF, pero cuyas primeras dos novelas, la excéntrica BOXER, BEETLE y sobre todo THE TELEPORTATION ACCIDENT son obras maestras de la literatura Weird. Igual de bueno es el cuento corto “Billy Tumult” del desquiciado Nick Harkaway. De la misma manera que Joe Hill se ha labrado su propio nombre alejado de la fama de su padre Stephen King, Harkaway poco a poco ha logrado separarse del resplandor de su padre John LeCarré. Soy fan incondicional de sus primeras dos novelas THE GONE-AWAY WORLD y ANGELMAKER. Mas al punto, recuerdo que este es prácticamente el único relato que me gustó de STORIES FOR CHIP, esa antología tributo a Delany que sacaron el año pasado. El cuento funciona porque Harkaway no está intentando imitar la voz de Delany sino que si han leído sus novelas ya saben que es la suya propia. Como Bradbury en esteroides. En el otro relato que Dozois saca del tributo a Delany, “Capitalism in the 22nd Century or A.I.R.” de Geoff Ryman, la voz se oye más forzada, mas artificial, en mi opinión. (Habiendo dicho eso debo mencionar que mi opinión es minoría ya que el relato de Ryman viene incluido en todas las antologías del año, aunque si me preguntan es debido a que el nombre de Ryman pesa más que el de Harkaway. Por lo menos hasta ahora). “The Daughters of John Demetrius” de Joe Pitkin, un autor que me es desconocido, es otra muy agradable sorpresa, logrando evocar esos cuentos pirotécnicos que Zelazny escribía en los 60s (o los que Swanwick producía en los 90s, si prefieren un ejemplo más reciente). Sigo asombrado que salió en ANALOG. También viene en el volumen de Horton.

Otro relato que me encantó es “The Astrakhan, the Homburg, and the Red Coat” de Chaz Brenchley, que ocurre en ese mismo Marte steampunk de su cuento del año pasado “The Burial of Sir John Mawe at Cassini”. Tuve el gusto de conocer a Brenchley en persona hace apenas unos meses y puedo reportar que es uno de esos casos raros donde el autor es tan agradable como su trabajo. Un autor que conozco gracias a las antologías de Dozois es Indrapramit Das (cuyo “Weep for a Day” hace tres años me gustó mucho) y este año tampoco decepciona con “The Muses of Shuyedan-18”. Kelly Robson es una escritora relativamente nueva que en muy poco tiempo se ha vuelto garantía de calidad pero debo decir que “The Three Resurrections of Jessica Churchill”, a pesar de demostrar la innovación típica de esta mujer, no tan bueno como mi favorito de ella del 2015, “The Waters of Versailles” que viene incluido en el volumen de Strahan (o inclusive que el relato que viene en el de Clarke). Por el contrario, la contribución de Kelly Link, “The Game of Smash and Discover”, me gustó mucho más que el que viene en el de Horton.

Algunos buenos escritores decepcionan, como Paolo Bacigalupi y su “City of Ash”. Este autor parece que solo puede hablar sobre un tema. Lo que parecía tan innovador en THE WINDUP GIRL  empieza a cansar (aunque a Strahan también le gustó lo suficiente como para incluirlo en su volumen). Es curioso que John Barnes inició su carrera en los 90s como clon de Heinlein porque su “Silence Like Diamonds” parecería más bien un intento de imitar a Sterling. La imitación es de hecho muy buena y vale la pena leerlo pero me preocupa que parece que Barnes nunca desarrolló su propia voz.


La enorme cantidad de cuentos cortos que se producen cada año queda demostrada en el hecho que aun con todas estas antologías varios relatos sobresalientes se quedaron ausentes. Por ejemplo la novela corta de Greg Egan, “The Four Thousand, the Eight Hundred”, que salió en ASIMOV’S y que por razones de derechos no aparece en ninguna parte (lo cual es una lástima ya que en mi opinión es la mejor novela corta de CF dura del año). Lo mismo ocurre con “Slow Bullets” de Alastair Reynolds, así como con varios cuentos más cortos de China Miéville que solo se pueden leer en su colección THREE MOMENTS OF AN EXPLOSION. Otro relato muy corto que me extrañó que no viniera incluido en el volumen de Dozois fue “Cat Pictures, Please” de Naomi Kritzer, sobre todo cuando resultó tan popular a la hora de las premiaciones. Este último por lo menos sí aparece en la de Horton y la de Clarke, o sea que el argumento por la existencia de más antologías anuales parece sólido. ¿Ya mencioné que también leo las antologías de Lo Mejor del Horror que edita Ellen Datlow todos los años? Lo hago sobre todo para poder leer lo mejor de la literatura Weird (que por alguna razón muchas veces la agrupan con Horror). Desde el año pasado, sin embargo, ya existe además una antología dedicada exclusivamente a lo Mejor del Año en la literatura Weird. En fin… La solución más simple quizá consista en conseguir un segundo empleo y trabajar las 24 horas al día para poder mantener este vicio, porque aun leyendo todas estas antologías uno apenas y logra mojarse los dedos de los pies en el océano de ficción corta.

martes, 26 de julio de 2016

LA HEREJÍA DEL NÚMERO SIETE!

Una de las novelas que más ilusión me hacía leer este año era NINEFOX GAMBIT de Yoon Ha Lee. Igual que Ken Liu el año pasado, se trata de un escritor que se ha ganado renombre en años recientes gracias a sus relatos (la gran mayoría en revistas en línea como Clarkesworld y Lightspeed) y que solo hasta ahora se animó a escribir una novela. Cuentos cortos extraños, inusuales aun cuando manejan viejos elementos conocidos del género. Relatos como mi favorito, el extraordinario “The Knight of Chains, the Deuce of Stars” (que recuerda lo mejor de Alastair Reynolds y de Zelazny al mismo tiempo), o la space opera “Ghostweight” de la antología anual de Dozois del 2012 que fue mi primer relato suyo. Supongo, sin embargo, que quizá el más relevante para esta conversación es “The Battle of Candle Arc”, que ocurre en el mismo universo de NINEFOX GAMBIT (e inclusive comparte uno de sus protagonistas). Hagan clic en cualquiera de los títulos para poder leerlos gratis. Igual que con Ken Liu el año pasado, a pesar de lo bien escrita que está la novela, creo que me quedo con sus cuentos.


Paso por paso. NINEFOX GAMBIT tuvo la mala fortuna de ser el libro que leí después del monumental TOO LIKE THE LIGHTNING de la semana pasada. Por supuesto la culpa no la tiene el libro (y me interesaría averiguar qué habría ocurrido si los hubiera leído en orden contrario como era mi plan original), pero qué se le va a hacer. En todo caso quizá su suerte no fue tan mala después de todo. Muchas personas me habían advertido que el inicio de NINEFOX GAMBIT era difícil, lleno de términos extraños y sin mucha explicación. Perfecto, pensé. Justo como a mí me gustan. La verdad es que leí las primeras 50 páginas en dos horas y me quede esperando la parte difícil. Después de leer la novela de Palmer esto era demasiado sencillo. Tanto así que casi lo abandono decepcionado esa misma noche. Motivos económicos, por otra parte, me obligan a terminar todo libro por el que pagué buen dinero. Mi situación financiera me ha orillado a tan absurda situación. Por primera ocasión en mucho tiempo me alegro de mi pobreza (o tacañería) porque una vez que le agarre el ritmo lo disfruté bastante.


Hay que aclarar que más que space opera el inicio es de CF militar (varias personas parece que confunden ambos términos), que tampoco es mi subgénero favorito. Mucho se ha dicho sobre el worldbuilding, lo cual es curioso porque en mi opinión personal este universo no está del todo desarrollado (intencionalmente) y permite al lector llenar todas esas lagunas nunca explicadas, lo cual es un truco muy válido si me lo preguntan. Este es un universo de tecnologías exóticas que funcionan según rigurosos teoremas matemáticos… y fe. Tan rigurosos son que cualquier desviación es herejía. El conjunto de estos teoremas forman el calendario que no solo rige a la hexarquía política en el centro de esta historia sino que sostiene a la misma realidad física. Un consenso que únicamente funciona si todos se adhieren al orden social que el calendario impone. Es decir, matemáticas aplicadas no solo como religión sino como modelo empírico del universo. A diferencia de una novela de Egan (por agarrar la comparación más obvia) nada de esto en realidad se explica en el libro de Yoon Ha Lee. No hay disertaciones sobre topologías o súper posiciones cuánticas que de alguna manera quizá podrían justificar semejante situación sino que, como los personajes de la novela, debemos aceptar todo esto como artículo de fe. Confieso que esta platica sobre herejía y facciones políticas y la mezcla híbrida de doctrina tecnológica y religiosa (capaz de ser corrompida en cualquier momento) me recordaron las novelitas de WARHAMMER 40K. Llegó un momento en que casi esperaba que apareciera en órbita alguna inmensa nave espacial con forma de catedral gótica vomitando infantes de marines con armadura medieval en caída libre.

Como buena space opera, detrás de las grandes ideas y conceptos la trama es de hecho engañosamente sencilla. Una oficial del ejército caída en desgracia por sus tácticas militares/matemáticas poco convencionales (que rayan en la herejía) es asignada para el rescate de una fortaleza cuyo calendario ha sido corrompido por filosofías no conformistas que amenazan el status quo de la hexarquía. Una insidiosa herejía que se basa en el número entero 7 (¿ya mencioné que la hexarquía solía ser una heptarquía?). Para esto debe aliarse con el fantasma de uno de los generales más brillantes de la historia (y protagonista del cuento que menciono arriba). Un genio militar que se volvió traidor al ser corrompido por la herejía hace varios siglos. Un fantasma que ahora debe vivir en el interior de la cabeza de esta mujer. Es en la relación entre ambos personajes donde ocurren las mejores partes de esta novela. No es sencillo tener a un asesino en masa dentro de tu mente, alguien que no duerme nunca. Pero por supuesto, el fantasma es más de lo que parece…

En resumen, es una space opera que en vez de recordar a libros más tradicionales como, por ejemplo, DARK INTELLIGENCE del año pasado, pretende emular a libros más excéntricos como los de M. John Harrison de principio de siglo. Es decir, a pesar de manejar los ingredientes tradicionales (los diminutos robots que sirven a los humanos recuerdan en más de una manera a las IA de las novelas de Banks, igual que los nombres de las naves) el producto final es muy distinto pero no por eso menos entretenido… Quizá demasiado. Arriba mencioné que al final del día me sigo quedando con sus relatos. La verdad es que recuerdo esos cuentos mucho más complicados. Pequeños monstruos que exigían más del lector. La novela parecería escrita más sencilla para atraer a un público más grande, y no dudo que la estrategia le puede resultar a Yoon Ha Lee. NINEFOX GAMBIT huele a novela que va a resultar popular a la hora de los premios.



miércoles, 20 de julio de 2016

LA MEJOR NOVELA DEL 2016?

Cuando platiqué sobre CENTRAL STATION de Lavie Tidhar el mes pasado me atreví a decir que iba a ser muy posiblemente la mejor novela de CF del año. A pesar de que era apenas Junio vi difícil que llegara alguna otra igual de buena. Ya me había advertido mi amigo Elías Combarro, sin embargo, sobre la existencia de otro libro que quizá tendría algo que decir al respecto. Como mi amigo vive enchufado en una realidad virtual que le permite leer libros día y noche sin descanso pues le hice caso y, a pesar que la novela nunca bajó lo suficiente de precio en Amazon, compré TOO LIKE THE LIGHTNING de Ada Palmer, una autora cuyo nombre me era por completo desconocido. Diez días después (la lectura es densa aunque de alguna manera nunca lo parece), creo que sigo anonadado. Mareado seria la palabra correcta. Honestamente no recuerdo una primera novela de esta envergadura. Quizá THE GOLDEN AGE de John C. Wright hace 15 años, pero aun esa se quedaba corta en términos de ambición comparada con esta. Bester es el otro nombre que me llega a la cabeza, mientras intento desesperadamente encontrar un precedente. Este monstruo parece escrito por un veterano de veinte años de carrera y en la cumbre de sus poderes creativos. La obra de un Gene Wolfe después de haberse enclaustrado un par de años quizá. De hecho, quiero pensar que el blog se creó específicamente para este tipo de libros, que me entusiasman tanto pero que por alguna razón no son del todo conocidos. (Busquen reseñas de TOO LIKE THE LIGHTNING y van a encontrar tan solo un manojo, y ninguna de los sospechosos comunes. Por alguna razón no le están haciendo mucha promoción a este libro)

Lo primero que debo decir es que no es para todo mundo, algo que a la mejor le va a perjudicar a la hora de los premios. Desde el principio la autora nos avienta al lado profundo de la piscina (es más, nos arroja a la parte sin fondo) donde debemos aprender a nadar, y muy rápido, o ahogarnos. Lo que Palmer ha construido aquí es un futuro totalmente alieno para un lector de principios del siglo XXI, de la misma manera que nuestro presente de cazadores de Pokemon Go seria por completo incomprensible para alguien del siglo XV. Es decir, no un “futuro” con meros cambios cosméticos (a la STAR TREK) o de costumbres reconocibles pero exageradas hasta el punto de la caricatura. Eso podría entenderse de la misma manera que Swift lo era para sus lectores del siglo XVIII. Esto es un futuro que raya en lo incognoscible y Palmer jamás quita el pie del acelerador. Más de una persona ha resaltado el hecho que Palmer es graduada con doctorado de Harvard. Quizá es porque yo soy economista pero a mí me impresionó más que dé clases de historia en la Universidad de Chicago, y esto se refleja desde la primera página. Novela erudita, culta (en México la habrían rechazado desde el principio), empapada de historia, no solo los detalles de los siguientes cinco siglos sino de los anteriores al nuestro. Novela de ciencia-ficción política, pero también filosófica. Escrita además con un estilo arcaico, que muy intencionalmente recuerda al de la literatura de la Ilustración, de las ideas del siglo XVIII, el Siglo de las Luces y su santo patrono Voltaire (los lectores más agiles reconocerán que la manera en que el protagonista narra la historia le debe más de una deuda a CANDIDE) de la misma manera que THE DIAMOND AGE pretendía evocar una época anterior solo que en el futuro.

Agarro una frase (completamente) al azar para ilustrar mi punto:

As a slave-convict I might have added my sweat-drenched kilometer to the railroads that saddled the great continents, my heaven-bound cable to the first Space Elevator, or sweated on the rigging of the Santa Maria as she erased the dragons at the world’s end and knit the whole sphere closed.

Lectores habituales del blog ya saben que no soy mucho de andar citando las obras que leo (de hecho creo que es la primera vez que lo hago) pero es que aun tomada fuera de contexto encuentro esta frase bellísima, y así es todo el libro.

La novela consiste en la crónica de una semana épica del siglo XXV preparada para futuros lectores de siglos aún más distantes. Siete días que literalmente cambian la historia de la humanidad. Una crónica escrita por nuestro principal protagonista Mycroft Canner, que constantemente interrumpe su propia narración para dirigirse al lector. Canner es un esclavo, pero un esclavo como los que describía Tomas Moro: alguien que ha cometido un crimen y, en vez de ir a prisión donde no contribuye nada a la sociedad sino todo lo contrario, debe pagar su deuda sirviendo a varios amos sin remuneración alguna. (Palmer se toma su tiempo para revelar la identidad de Canner. Por desgracia la solapa de la cubierta ya revela demasiado antes de iniciar la lectura. Quizá el único defecto físico de un producto bastante cuidado en cada detalle). Resulta que Mycroft es más de lo que aparenta, y es un esclavo que sirve y conoce bien a todas y cada una de las figuras más importantes de este siglo futuro. Cada capítulo nos presenta a nuevos personajes en distintas partes del mundo lo que convenientemente nos permite conocer todos los aspectos de este universo. Al principio este truco parece ingenioso aunque quizá demasiado conveniente… hasta que averiguamos quién es Mycroft Canner en realidad.

Este es un mundo donde la tecnología ha hecho que viajar alrededor del mundo sea asunto de una hora o menos por lo que las naciones como las conocemos han desaparecido (algo común en el género) pero además también las corporaciones multinacionales (algo no muy común para nada en nuestro genero hoy en día). En este mundo futuro las personas se juntan por intereses comunes, no por errores de geografía (siempre he pensado que no hay nada más absurdo que sentir lealtad por el lugar donde naciste). Desde las grandes agrupaciones de millones de personas hasta una unidad familiar, todo es por amistades con intereses similares no por atracción sexual (que como todos sabemos es una muy pobre base para intentar construir una relación por el resto de tu vida). Un mundo donde los pronombres personales carecen de sentido, pero con un propósito diferente a los de una novela de Le Guin, por ejemplo. (O Delany, si vamos al caso más extremo pero menos conocido). Todos son “ellos”, they o them, aunque la autora ocasionalmente decide usar arcaísmos como “él” y “ella” por razones varias, lo cual no aminora la complicación ya que en más de una ocasión usa un “él” para alguien que resulta mujer y viceversa. Igual que Monsieur le docteur Ralph en CANDIDE, Mycroft Canner es un narrador que le gusta jugar con las expectativas de sus lectores. Para ser una novela de ciencia-ficción tan visionaria en realidad no hay tantos adelantos tecnológicos. Lo del transporte casi instantáneo jamás se explica, por ejemplo. (Aunque los mentados coches voladores son fundamentales para la trama). Detalles como las habilidades del niño Bridger además parecerían inclinar la novela ligeramente al reino de la fantasía. A pesar de esto no dudaría ni un momento en etiquetarla como novela de ciencia-ficción, si eso les preocupa, y en todo caso a veces las etiquetas se vuelven estorbosas. Es una gran novela, punto.

Si acaso mi única queja seria el abrupto final. Resulta que TOO LIKE THE LIGHTNING es tan solo la primera mitad de la historia. Mi amigo Elías menciona que mientras la siguiente novela sea igual de buena, a él no le importa esto. Yo compartiría esa opinión, a pesar de mi desagrado por las series, si hubiera sido una historia auto-conclusiva. Este mundo se presta para otras tres novelas, ¡diez, si quieren! Pero con final, señores. Habiendo dicho todo esto, no hay duda que pienso comprar la segunda parte que sale este mismo fin de año. Mi mayor posible recomendación.

martes, 28 de junio de 2016

MIS CINCO NOVELAS DE FANTASÍA FAVORITAS DEL SIGLO XXI

Ayer lunes celebré en mi muro de Facebook el décimo aniversario de THE LIES OF LOCKE LAMORA, llamándola mi “segunda novela de fantasía favorita del siglo XXI”. Quizá inevitable, más de una persona preguntó cuál era mi favorita. En lo que a mí respecta cualquier excusa es buena para desempolvar el blog así que en vez de simplemente contestar la pregunta con un título se me ocurrió mejor listar mis cinco favoritas. Como siempre, recuerden que no pretende ser la lista de las Cinco Mejores Novelas de Fantasía del Siglo XXI sino tan solo mis favoritas. (Perdón, pero aparentemente hay que explicar lo obvio siempre). En otras palabras, aquí no van a encontrar libros de Brandon Sanderson, que en lo personal encuentro infumables. Para ahorrarnos problemas tampoco voy a distinguir entre fantasía épica o urbana o mera ucronía. Sin más, pasemos a lo bueno. Intentaré ser lo más breve que pueda en cada entrada:


THE FIRST LAW de Joe Abercrombie. Lectores veteranos del blog recordaran mi desagrado ante trilogías y el arte perdido de escribir novelas auto-conclusivas pero aquí se trata de algo distinto. Creo que es evidente para cualquiera que se moleste en leerlos que en realidad se trata de un solo libro, solo que dividido en tres volúmenes por razones de espacio. Libro cínico y revisionista como pocos antes o después, aunque sin jamás caer en la parodia del género también tan común en nuestros días. Abercrombie se demuestra como un enamorado del género, no un detractor, solo que tenía cosas nuevas que decir. Para renovar un género es inevitable usar algunos clichés intencionales y Abercrombie lo hace, como el bárbaro del norte o el gallardo soldado bien parecido, pero manejados de manera inusual y además mezclados con algunos personajes verdaderamente originales (como Sand dan Glokta, el Inquisidor, más bien torturador, que es mi favorito de toda la serie). A Abercrombie se le achaca el crédito de crear el subgénero de “grim dark fantasy”, este nuevo tipo de fantasía más sucia, más vulgar, y con protagonistas (“héroes” seria la palabra incorrecta) moralmente ambiguos, tan diferentes a los personajes de Tolkien o inclusive a los de George R.R. Martin. Aquí nadie viene de noble familia o tiene la menor posibilidad de ascender a algún trono. Aquí solo hay puro soldado raso, puro perdedor. No estoy por completo de acuerdo con esta acreditación. Recuerdo libros como los de Glen Cook  (los de la Black Company, por ejemplo) que ya en los 80s intentaban algo similar, pero es indudable que fue con Abercrombie que se popularizó esto y fue gracias a esta trilogía. Con el tiempo, Abercrombie ha añadido novelas (ahora si auto-conclusivas) y un puñado de relatos a este mismo universo, algunos tan buenos si no es que más que la trilogía original pero en mi caso muy personal ninguno que me volviera  causar el mismo impacto que estos primeros libritos. 


THE RED WOLF CONSPIRACY de Robert V.S. Redick. Hasta el día de hoy es un misterio para mí por qué esta novela no es mejor conocida. El primer libro de la ambiciosa tetralogía The Voyage of the Chathrand es de lectura imprescindible para todo aquel que se jacte de ser aficionado al género fantástico. Habiendo dicho todo esto, me queda claro que no es para todo mundo. Para empezar, ayuda mucho si les gustan las novelas navales (sobre todo las Napoleónicas). Es obvio que Redick hizo su tarea y la narración está llena de tecnicismos como novela de Patrick O’Brian. Por suerte, Redick tiene el suficiente oficio para no permitir que esto detenga la narración. En efecto, se trata de uno de esos relatos de aventuras desenfrenadas que por alguna razón ya no se escriben hoy en día. El gran navío Chathrand es el último de su clase, una montaña flotante de casi 600 años de antigüedad construida con materiales que ya no existen. Es tan grande que se requiere de un telescopio para poder examinar todos sus mástiles. Monstruos gigantes bajo cubierta manejan el ancla. En este enorme escenario es donde el destino de varios reinos y razas chocan durante el último viaje de este colosal navío. El “worldbuilding” es sencillamente asombroso en su cantidad de detalles, desde la historia y geografía de este mundo, hasta sus leyendas (sobre todo aquellas donde participa el Chathrand a lo largo de su existencia). Una faena creativa digna de las novelas de Steven Erikson (si la lista incluyera la década de los 90s tengan por seguro que vendrían por lo menos un par de novelas de Malazan). El trasfondo de THE RED WOLF CONSPIRACY es tan completo que uno desearía que hubieran más historias en este mundo. Por desgracia al final el mismo autor cae en esta trampa. Esta novela estaría mucho más arriba en mi lista de no ser por el hecho que Redick arruina un final perfectamente auto-conclusivo con un epilogo innecesario que solo sirve para desarmar un par de puntos ya resueltos con el claro propósito de escribir una secuela. Aun así recibe mi más alta posible recomendación.


JONATHAN STRANGE & MR. NORRELL de Susanna Clarke. Hay poco que yo pueda añadir sobre esta maravillosa novela que no hayan hecho ya miles y miles de reseñas. Ganadora del Hugo, del World Fantasy, del Locus, finalista al Nebula (y al Whitbread y al Guardian, así como nominada al Booker. Es decir, el tipo de premios literarios al que las novelitas de fantasía en general no tienen acceso), JONATHAN STRANGE & MR. NORRELL marcó un parteaguas en la historia del género. En una Inglaterra del siglo XIX que nunca fue pero virtualmente idéntica a la nuestra, la magia es real pero dejó de practicarse hace mucho tiempo, desde la misteriosa desaparición de John Uskglass hace casi 300 años. La magia es algo que se discute en círculos académicos pero nada más. “Magic is simply something a gentleman does not do.” (Sobre todo porque nadie parece capaz de lograrlo en realidad). Es entonces cuando aparece Gilbert Norrell, un hombrecillo fastidioso que pronto convence a toda la nación de sus habilidades mágicas. No tarda mucho en convertirse en la celebridad del momento de la alta sociedad en Londres. Comisionado por el gobierno crea barcos fantasma para defender la isla de las flotas de Napoleón. Aun con todo su éxito, sin embargo, sigue siendo un hombre mezquino, celoso de que algún otro mago pueda aparecer en Inglaterra. Con la ayuda de su sirviente Childermass se encarga de monopolizar todos los libros de magia en el Reino Unido. Su hegemonía es indiscutida hasta que surge el joven Jonathan Strange, quien a diferencia de Norrell no ha aprendido magia de los libros sino de una naturalidad casi virtuosa. Comienzan como mentor y pupilo pero no pasa mucho tiempo antes que una feroz rivalidad nazca entre ambos, dividiendo al país en dos. Y ni siquiera he mencionado al caballero del pelo como el vilano de cardo… La sinopsis da una vaga idea de la historia pero de ninguna manera revela el por qué es tan especial el libro. Escrita como una verdadera novela decimonónica, con ortografía arcaica, es obvio que sus influencias son Dickens y Jane Austen en vez de Tolkien. La novela cuenta además con casi 200 notas de pie de página que documentan la historia de la “magia inglesa”. Se ha mencionado en más de un lugar que estas notas bien podrían formar una maravillosa novela por sí solas. De lectura densa, es aun así sorprendente como en ningún momento de sus casi 800 páginas parece haber relleno innecesario de ningún tipo. Una obra imprescindible. 


THE LIES OF LOCKE LAMORA de Scott Lynch. El libro que dio origen a esta postal. La historia de un ladrón de poca monta y sus amigos en una ciudad que parecería el reflejo de nuestra Venecia medieval, espolvoreados con capítulos que ilustran la historia de la ciudad y el mundo donde viven. Este es un libro que desde la primera página me agarró y ya no me soltó hasta que lo terminé agotado una semana después. No tengo idea cuánto tiempo llevaba Lynch incubando esta novela en su cabeza pero es de verdad pavoroso la cantidad de detallitos que forman su mundo. Desde la geografía de su ciudad, cada calle y esquina con su propia historia, hasta la misma arquitectura, las costumbres y tradiciones de este mundo al mismo tiempo familiar y completamente alieno. A diferencia de la mayoría de las fantasías actuales, tan solemnes y formales (Brandon Sanderson se me ocurre de inmediato), este es un libro que jamás se toma sí mismo demasiado en serio. Escrita con mucho brío y alegría, sus páginas se devoran en tan solo un manojo de días. He leído en más de un lugar que el libro les recuerda las historias de Fafhrd y el Ratonero Gris de Fritz Leiber, lo cual tiene algo de razón, supongo, pero a mí en realidad el protagonista me recuerda más a Corwin, de las novelas de Amber de Zelazny. Lástima que más gente no lo conoce. Sí, por desgracia las secuelas dejaron mucho que desear (de hecho, son pésimas). Ignoro si esto es debido a que la primera novela creó expectativas imposibles o si simplemente Lynch dio todo lo que tenía en este libro, pero eso no le roba ningún mérito a la novela original.


PERDIDO STREET STATION de China Miéville. En cierta forma, me sorprendió la cantidad de gente que me preguntó cuál era mi novela de fantasía favorita de este siglo cuando la respuesta es tan obvia. Quizá parte de la confusión es debido a que hasta el día de hoy nadie parece estar muy seguro si es fantasía o no. Nadie parece saber cómo clasificar esta novela y creo que ahí yace parte de su encanto. No es CF, no exactamente, pero tampoco parece ser fantasía. Muchos hasta la consideran Steampunk. Muchos la consideran “Weird”. En efecto, en la última década China Miéville se ha convertido en el santo patrono de este movimiento y en gran parte es debido a este libro. Lo que nadie duda es que es uno de los logros literarios más extraordinarios de este siglo. PERDIDO STREET STATION es la monumental novela que nos introdujo al mundo de Bas-Lag y su ciudad principal de New Crobuzon. Una obra maestra perfecta, universal, exhaustiva. El tipo de libro que me causa envidia (de la buena y de la mala). Desearía haber escrito este libro. Un libro que se aleja del modelo de Tolkien (es bien conocido el desprecio de Miéville por Tolkien) y que se asemeja más a los libros excéntricos de Mervyn Peake. Quince años después de leerlo por primera vez sigo asombrado ante el catálogo de maravillas esperando dentro de sus páginas listas para emboscar al lector desprevenido. Hasta la trama es difícil de encapsular. El protagonista es un científico que es contratado por un Garuda, una especie de hombre pájaro (aunque esa descripción es tan inadecuada que no sé ni por dónde empezar) que ha perdido sus alas y que está dispuesto a pagar lo que sea a cambio de poder volver a volar. Mientras esto ocurre, la novia artista del científico, una Khepri, una especie de mujer insecto (con cabeza y mandíbulas de escarabajo) que solo se puede comunicar con su amante mediante señas (las escenas de sexo son… interesantes) es contratada por Mr. Motley, un gangster, para que le haga una escultura de él mismo. La comisión no es tan sencilla ya que Mr. Motley ha alterado su cuerpo tantas veces que ya no tiene una “forma” propiamente dicha. Igual que con la novela de Susanna Clarke, la estrafalaria sinopsis no explica bien lo que hace tan entrañable al libro. Habría que mencionar detallitos incidentales como el Construct Council, una inteligencia artificial creada espontáneamente de las montañas de basura de la ciudad. Una especie de dios steampunk hecho de tecnología victoriana y que propaga el virus de la consciencia a otros mecanismos en la ciudad. Habría que mencionar al Tejedor, una araña multidimensional (con manos humanas nunca ociosas) obsesionada con patrones recursivos y que solo habla en métrica libre. Al gueto comunista de los Garuda. A la trágica historia del exilio de los Khepri. Habría que hablar de sus lenguajes. De los Remade. De los fRemade (sobre todo Jack Half-a-Prayer). Detrás de todas estas invenciones descarriadas Miéville nos habla de la obsesión creativa, ya sea científica o artística, que no te deja dormir hasta no ser satisfecha. Detrás de toda esta pirotecnia, Miéville nos habla de la condición humana. Aquellas personas que se niegan a leer literatura fantástica porque creen que es mero escapismo nunca han leído a Miéville...

Lo más sorprendente de esta lista es que casi todas estas novelas (excepto una) son opera prima. A veces esto es bueno, cuando el autor no logra controlarse y le mete de todo al libro, aun lo que no es estrictamente necesario. Ese entusiasmo tan contagioso del autor que hasta el lector puede sentir. Ya solo para terminar me gustaría hacer mención honorifica a THE NIGHT CIRCUS de Erin Morgenstern y THE NAME OF THE WIND de Patrick Rothfuss, que habría sido perfecta si tuviera un editor más exigente y le tijereteara unas 200 páginas por lo menos (y aun así quedarían casi 500 páginas)

sábado, 18 de junio de 2016

LOS MUCHOS UNIVERSOS DE CAROLYN IVES GILMAN

En el último podcast de los Verdhugos recomendé en un momento de desesperación la novela DARK ORBIT de Carolyn Ives Gilman. La desesperación no se debía a que no fuera buena, sino a que en realidad no se trata de un libro nuevo. Salió a mediados del 2015, pero si son pobres como un servidor (o tacaños) hubo que esperar hasta el mes pasado para que nos llegara la edición en rustica a precios (ligeramente) más asequibles. La verdad es que de haber sabido de antemano lo buena que es a la mejor habría comprado la versión en tapa dura, aunque eso significara comer latas de atún toda una semana. Yo ya le tenía muchas ganas por un par de razones. Soy seguidor incondicional de esta escritora desde que leí sus novelas cortas “Arkfall” y “The Ice Owl” hace un par de años. Historias tan buenas que uno se pregunta por qué no es más conocido el nombre de esta mujer. La novela ocurre en el mismo universo de los Veinte Planetas de esos dos relatos previos pero es completamente independiente. No es necesario haberlos leído para entenderla (la frase “Veinte Planetas” se menciona tan solo dos veces en todo el libro) de la misma manera que se puede leer THE LEFT HAND OF DARKNESS sin jamás haber abierto primero ROCANNON’S WORLD. Como verán a continuación, estos dos ejemplos no son accidentales.

En efecto, recuerdo que lo segundo que atrajo mi atención de este libro el año pasado fue el entusiasmo con el que Ursula Le Guin lo recomendó en varios lugares. Como quizá sepan, la señora Le Guin no suele promover novelas (ni siquiera las suyas) con mucha frecuencia. Uno no tarda mucho en descubrir por qué el libro le gustó tanto y sin embargo creo que le puede interesar no solo a los lectores de Le Guin. Si bien es cierto que Gilman escribe aquí una novela de CF antropológica como las que Le Guin producía en los 70s, también hay que añadir que lo hace usando únicamente la más rigurosa ciencia. Hay escenas que parecen arrancadas de una novela de Peter Watts, mientras que el extraño coctel de filosofías y creencias de medio oriente recuerdan más bien los libros de Frank Herbert. Verdaderamente una novela original.

Uno de los aspectos más intrigantes del libro son los efectos sociales que los viajes interestelares han causado en la Humanidad. En un universo donde no existen los viajes más rápidos que la luz, aquellos que deciden viajar a otras estrellas se encuentran fuera de la secuencia de la Historia, de la “continuidad” de toda la raza, sus vidas poco más que fragmentos distribuidos a lo largo de las décadas y los siglos. Extranjeros perpetuos. El resto de la humanidad los llama, con desprecio, Wasters. Ellos, por su parte, llaman a los demás Planters. Gente que vive una monótona secuencia lineal de tiempo, siempre en un mismo lugar, como macetas. Lo único que les importa es su propia época. La gravedad planetaria deforma sus ambiciones e imaginación. Mientras que para ellos el tiempo ocurre, para los Wasters solo existe el ahora. Por supuesto, escoger cuál de las dos vidas preferiríamos vivir no es tan sencillo como parecería al principio.


Sara, una mujer Waster que ha caído en desgracia, es contratada por una corporación para ser enviada en un viaje a 58 años luz para investigar un planeta habitable que se encuentra en una región del espacio saturada por materia obscura, de bizarras anomalías gravitacionales y donde las leyes de la física parecen comportarse de manera extraña. La verdadera razón por la que es enviada no es por ser una exo-etnóloga sino para vigilar a una mujer llamada Thora, cuyo incomodo pasado hace necesario que la manden muy, muy lejos. Cuando llegan a las coordenadas correctas, casi 60 años después, encuentran un mundo infestado de formas cristalinas. Cuando amanece, la luz del sol hace que la superficie entera destelle como un caleidoscopio. El sentido de la vista es inútil. Ni siquiera lentes obscuros sirven cuando descubren que estos cristales en realidad son algo muy distinto. La escena cuando uno de ellos atraviesa con su brazo uno de estos “cristales” y su mano aparece del otro lado doblada, como si distorsionada por agua, es un verdadero momento de sense of wonder. Lo que primero nos haría suponer que se vienen página tras página de descripciones liricas sobre la geometría de los cristales y los colores de la luz que los atraviesa, a la Ballard (o las de CHAGA de Ian McDonald, para usar un ejemplo más reciente) pasa a segundo plano cuando DARK ORBIT se convierte en un libro muy pero muy diferente a partir del momento en que los exploradores encuentran a nativos, y al mismo tiempo Thora desaparece misteriosamente.


A continuación la mitad de los capítulos de la novela son narrados por Thora, atrapada en un universo de obscuridad absoluta. (El libro es quizá imposible de adaptar a otro medio a menos que estén dispuestos a pasar largos periodos de tiempo viendo una pantalla en negro). Estos capítulos acaban volviéndose claustrofóbicos para el lector. El tiempo no existe en tal lugar. No hay día ni noche. Es como estar atrapado dentro de tu propia cabeza. Ni cerrar los ojos ayuda para escapar. Thora duerme sin saber cuánto tiempo ha pasado, sin siquiera saber si ha abierto los ojos. Mientras esto ocurre, Sara intenta enseñar a “ver” a uno de estos nativos que viene del lugar donde Thora está atrapada. Una joven muchacha que está ciega, técnicamente, pero una ceguera que nace en el cerebro, no en los ojos. Es en ambas series de capítulos que podemos vislumbrar el verdadero propósito de Gilman, que logra que nos hagamos cuestionar la manera que procesamos la información que recibimos a partir de nuestros cinco sentidos, editando la gran mayoría de detalles innecesarios. El “mundo real” que percibimos es un muy pobre reflejo del verdadero. Un cuestionamiento casi ontológico que va más allá de lo que Watts, o inclusive Egan han llegado. Antes de terminar, Thora y Sara (y aquellos lectores con la suficiente imaginación) descubrirán las dimensiones adicionales “enrolladas” a nuestro alrededor propuestas por la cosmología de branas que hacen al universo mucho más grande, y pequeño, de lo que en un principio habíamos sospechado. Vivimos rodeados de un sinfín de universos y si bien son muchos los autores que pretenden explorarlos, Gilman parece ser la única que nos enseña el camino hacia cada uno de ellos. La verdad es una lástima que esta mujer escriba con tan poca frecuencia pero mientras mantenga este nivel yo la seguiré buscando.

viernes, 10 de junio de 2016

MÚSICA PARA AEROPUERTOS...

Desde que anunciaron el año pasado que los relatos de la Central Station de Lavie Tidhar por fin iban a ser coleccionados este es el libro de ciencia-ficción que yo más esperaba en el 2016. Tanta fue la espera, que conforme pasó el tiempo nos empezaron a llegaron reportes aparentemente contradictorios. CENTRAL STATION no va a ser una colección sino una novela. No, no. CENTRAL STATION va a incluir todos los cuentos de la saga. Me entusiasmaba la idea de una novela nueva en este universo tan lleno de posibilidades apenas explotadas pero yo seguía en mi afán necio de tener todas las historias en un solo volumen. Finalmente llegó el librito a mis manos y pude confirmar que CENTRAL STATION era, en efecto, ambos: una novela y una colección. Menciono todo esto porque en retrospectiva ya no estoy tan seguro que una fixup novel haya sido la mejor idea.


Los relatos de la Central Station tratan sobre el enorme aeropuerto espacial que se eleva sobre una Tel Aviv del futuro, y las vidas de los múltiples personajes que se arremolinan alrededor de la terminal. Gente que trabaja ahí o gente que va y viene del espacio exterior, cada uno con su propia historia como bagaje principal. En Amazon mencionan que los relatos de Tidhar recuerdan las novelas de Naguib Mahfouz, y creo que la comparación es muy apta. Los desdichados personajes de, por ejemplo, MIDAQ ALLEY (de donde sacaron la película mexicana de EL CALLEJÓN DE LOS MILAGROS) estarían perfectamente aquí, en los barrios y callejones bajo la sombra de la imponente e indiferente Estación Central. Sencillamente se encuentran entre lo mejor de lo mejor que nos ha ofrecido el género en la última media década, punto. Cada vez que me encontraba con uno en alguna revista era lo primero que leía. Son tan buenos que ya se hizo costumbre encontrarlos todos los años en las varias antologías de lo Mejor del Año. De hecho, en los últimos cuatro años consecutivos la antología anual de Gardner Dozois ha incluido sin falta por lo menos uno de estos relatos, a veces más. En otras palabras si son seguidores de las antologías de Dozois ya han leído casi la mitad de CENTRAL STATION, si bien fuera de orden.

O más bien, no lo han hecho…

Al principio creí que Tidhar únicamente había añadido pequeños párrafos al inicio de cada cuento (una táctica común en este tipo de novelas mosaico) para poder dar más cohesión a estos trece relatos. Sin embargo, como buen anal retentivo que soy y teniendo las antologías de Dozois a la mano, no pude evitar comparar los textos, lo cual me hizo descubrir enormes (y bastante curiosos) cambios. Uno pensaría que Tidhar realizó los cambios para agilizar la lectura. Evitar la simple repetición de información básica que resulta inevitable cuando estas escribiendo múltiples relatos a lo largo de varios años en distintas publicaciones y asumes correctamente que no todos han podido leer todos los anteriores. No es para nada el caso aquí. Por ejemplo, en “Under the Eaves”, apenas el segundo capítulo del libro, se nos informa lo que Miriam Jones hace para ganarse la vida… a pesar que la misma información ya se nos dio en “The Indignity of Rain”, el primer capítulo, apenas cinco páginas antes. Esto se habría podido solucionar muy sencillamente removiendo tan solo un par de frases. Lo que lo hace todavía más curioso es que en esa misma página Tidhar quita un párrafo completo que en mi opinión era bellísimo en el relato original. No solo no ayuda en nada al libro, no agiliza o simplifica la trama, sino que peor aún afecta negativamente al “capitulo”. Me parece que el relato original funciona mejor precisamente porque no descubrimos sino hasta el mero final que la persona con la que Isobel sueña con volver a encontrar esa misma noche, su amor prohibido, se trata de un robotnik. Aquí desde el principio Tidhar nos lo revela. Para qué, no lo sé. Honestamente prefiero el relato original. Lo mismo me ocurrió con “The Book Seller”, otro favorito mío. Me da la impresión que quizá habría preferido una colección en vez de una novela. Es decir, los relatos, intocados, dentro de un libro. De cualquier manera las costuras se pueden ver. Me cuesta trabajo creer que alguien leería este libro sin darse cuenta que originalmente eran cuentos cortos. Por supuesto, esto ocurre con THE MARTIAN CHRONICLES y nadie se queja. De nuevo, es a gusto de cada quien. Si debía ser una novela mosaico habría preferido quizá algo como MORE THAN HUMAN. Por supuesto, Tidhar es el autor y está en todo su derecho de alterar su propia obra. Él sabe mejor que nadie lo que le conviene, pero confieso que no quede muy convencido.

Leyendo el párrafo anterior antes de publicar la postal parece que estoy diciendo que el libro no me gustó, que los cambios me arruinaron la experiencia. Por el contrario, sigo convencido que puede ser lo mejorcito que nos va a dar el 2016. Relatos como “Strigoi” (o de nuevo “The Book Seller”) siguen siendo extraordinarios y conmovedores respectivamente. La escena donde el protagonista del segundo abre la caja con libros me sigue afectando de la misma manera, y asumo que a todos los que amamos las novelas baratas que “no son verdadera literatura” nos ocurre lo mismo. Quién sabe, quizá alguien que nunca ha leído los relatos originales disfrutara el libro de la misma manera que yo hice cuando los leí por primera vez. Lo que si me queda claro es que es evidente que Tidhar sabía desde un principio que estaba escribiendo una novela y no un ciclo de relatos. Hay momentos que Boris aparece de repente en algún párrafo aislado en relatos que no tiene nada que ver con él. No se explica quién es o por qué el narrador nos está hablando de él. Yo estaba seguro que esto era algo que el autor había añadido a la hora de publicar este libro para ligar mejor las historias, pero no. Releyendo los originales, estas interrupciones ya estaban presentes. Lo mismo ocurre con el niño Kranki. Muy buen truco, la verdad. Ya solo para terminar, es una verdadera lástima que no todos los relatos de la serie pudieron ser incluidos. Cuentos como “The Memcordist” y “Only Human”. Entiendo que el énfasis del libro debían ser las historias que ocurren en la Central Station, pero aun así…


Lavie Tidhar es un autor que en apenas unos cuantos años ha adquirido renombre afuera de los confines del gueto de la literatura fantástica gracias a sus novelas ucrónicas como OSAMA y A MAN LIES DREAMING, lo cual es muy merecido, pero yo personalmente sigo prefiriendo sus relatos cortos, de los cuales el ciclo de la Central Station continua siendo su obra maestra. Muy, pero muy recomendado.